La semilla del sembrador
¿Qué quiso decir Jesús cuando afirmo que “la semilla es la Palabra de Dios”?
Hoy en día amamos mas los resúmenes, incluso en nuestras búsquedas de Google, antes de entrar a leer la pagina te da un resumen de lo que a consideración de los logaritmos quieres saber.
Porque queremos respuestas rápidas, desde las explicaciones en carrusel de imágenes y el Evangelio reducido a cuatro leyes espirituales o tres pasos para encontrar a Dios.
Sin darnos cuenta, podemos terminar presentando el cristianismo como una solución rápida para problemas personales en lugar de anunciar la gran historia de lo que Dios ha hecho para reconciliar consigo todas las cosas en Cristo.
Por ello me llamo tanto la atención que Jesús afirmará que “La semilla es la Palabra de Dios” (Lucas 8:11). Y me pregunte: ¿Que contiene esa semilla? La semilla contiene las buenas nuevas del reino de Dios. Y esta es la historia de las buenas nuevas del reino de Dios:
Todo comienza en Dios.
Antes de que existiera el universo, antes del tiempo, antes de las estrellas y los océanos, Dios ya era. Él no llegó a existir, Él es. Desde la eternidad vive en perfecta comunión como Padre, Hijo y Espíritu Santo. Nunca ha conocido la soledad, porque desde siempre ha existido en la plenitud de ese amor perfecto.
Es por eso que Dios no creó el mundo porque necesitara compañía. Creo el mundo porque quiso manifestar la gloria de Su gracia.
Dios quiso manifestar su gloriosa gracia al hacer un mundo donde pudiera representar y dar una expresión de su gracia y amor.
Con solo hablar, dio origen a un universo inmenso. Formo galaxias incontables y, en una de ellas, colocó un pequeño planeta llamado Tierra. Allí creó al hombre y a la mujer a Su imagen y semejanza. Los llamo a vivir como sus hijos, a disfrutar de su presencia y a gobernar la creación como representantes del verdadero Rey.
Pero la historia da un giro inesperado.
En Génesis 3, Adán y Eva decidieron que ya no querían vivir bajo el gobierno de Dios. Dejaron de querer reflejar Su imagen y comenzaron a desear ocupar Su lugar. El primer pecado fue un intento de destronar al Rey para sentarse en Su trono. Esto es lo que se conoce como la caída del hombre.
Desde ese momento todo se quebró.
La muerte entro en el mundo. La injusticia apareció. Las relaciones se fracturaron. El ser humano comenzó a perseguir una independencia que jamás podría satisfacerlo, porque fuimos creados para vivir para la gloria del Rey, no para convertirnos en nuestros propios reyes.
Dios, sin embargo, no abandonó Si creación. Hizo una promesa, un descendiente de la mujer traerá salvación y restaurara todas las cosas.
Cuando la maldad llenó la tierra, Dios preservó a Noé y a su familia. Parecía que por fin había llegado un nuevo comienzo. Quizá sería el hombre que haría lo que Adán no pudo hacer.
Pero apenas las aguas del diluvio descendieron, encontramos a Noé borracho y avergonzado. La esperanza del hombre volvió a romperse.
Después vino Babel. Una vez más la humanidad intentó hacerse un nombre para si misma. Otra vez quiso alcanzar el cielo sin Dios. Y una vez más fracasó.
Entonces Dios llamó a un hombre llamado Abraham. No porque fuera mejor que los demás, sino por pura gracia. Le prometió que uno de sus descendientes traería bendición no solo para su familia sino para todas las naciones de la tierra.
A partir de ese momento toda la historia bíblica comienza a preguntarse ¿será este el descendiente prometido?, luego Isaac nace, pero no es él. Isaac tiene a Jacob, quién recibe las promesas, pero tampoco es él. De Jacob surge el pueblo de Israel, doce hijos, doce tribus que conforman una nación.
El pueblo de Israel vive en Egipto, después es esclavizado en Egipto y por mano de Dios Moisés es levantado para ser liberado de Egipto. Sin embargo, apenas son liberados, se construyen un ídolo, un becerro de oro para adorarlo.
La esperanza vuelve a desvanecerse.
Luego llega el tiempo de los jueces, y la Biblia resume aquella época con una frase fatal: “Cada uno hacia lo que bien la parecía” (Jueces 21:25). Es la época mas oscura para Israel.
Israel entonces pide un rey. En vez de ver a Dios como su Rey y vivir bajo su reinado quieren parecerse a las demás naciones. Es entonces levantado un rey, que pronto cae. Y Dios les da un rey mas, uno conforme a Su corazón, David, quizá ahora si llegaría la salvación del pueblo.
Pero David también cae. Toma la esposa de otro hombre y manda matar a su esposo para encubrir su pecado. Y como dice el chapulín colorado ¡y ahora quién podrá ayudarnos!
¿Habrá alguien capaz de representar verdaderamente a la humanidad delante de Dios? Los profetas anuncian que si.
Ezequiel promete un corazón nuevo, Jeremías habla de un nuevo pacto. Ambos miran hacia el día en que Dios enviara al Hijo de David, al descendiente de Abraham, al verdadero Adán.
Entonces, despues de siglos de espera, Mateo abre su evangelio con una genealogía. Puede parecer una lista aburrida de nombres, pero en realidad es el anuncio de que la espera terminó. Jesús es el Hijo prometido.
Jesús es el verdadero descendiente de Abraham, a través de Él son benditas todas las naciones de la tierra. Él es el rey prometido a David. Él es el segundo Adán.
Donde el primer Adán cayo en un jardín rodeado de abundancia, Jesus permaneció fiel en un desierto marcado por el hambre. Donde David envió a otro a morir para ocultar su pecado, Jesús camino voluntariamente hacia la cruz para cargar con el pecado de Su pueblo.
Jesús fue a la cruz del calvario habiendo vivido una vida perfecta delante de Dios, resucita al tercer día y hoy está a la diestra de Dios gobernando para siempre. Estableciendo su reino y prometiendo que un día va a regresar a establecerlo perfectamente entre nosotros.
Eso es lo que contiene la semilla. No es simplemente un mensaje acerca de como ir al cielo. Sino el anuncio de que El Rey ha venido, que todas las promesas De Dios se cumplen en Él y que, por medio de su muerte y resurrección, Dios está restaurando todas las cosas.
Esta es la Palabra de Dios que trae vida donde solo había muerte. Es la semilla que el sembrador salió a sembrar.



La semilla es la Palabra de Dios…No hay otro fundamento fuera de este…
Me gusta el recorrido histórico porque ves que el evangelio está de pasta a pasta de la biblia